Míralo y después elige desarrollar el punto del tema 12 que te haya tocado haciendo un montaje parecido o un clip de radio (podcast).
Ciencias Sociales 1º ESO
Es mejor saber después de haber pensado y discutido que aceptar los saberes que nadie discute para no tener que pensar
Este espacio es un lugar en el que discutir y pensar para acercarnos al saber, un saber construido entre todos, un saber que nos abre los ojos al mundo para entenderlo y aprender de él.
Te ofrecemos este blog como una herramienta más de la asignatura. Cuidémoslo y hagámoslo nuevo cada día. No olvides observar, oír, leer... todo cuanto pase por este rincón de la red y... ¡Ánimo!
domingo, 16 de junio de 2013
PROYECTO TEMA 12
El siguiente video está creado siguiendo la técnica conocida como Stop Motion.
Míralo y después elige desarrollar el punto del tema 12 que te haya tocado haciendo un montaje parecido o un clip de radio (podcast).
Míralo y después elige desarrollar el punto del tema 12 que te haya tocado haciendo un montaje parecido o un clip de radio (podcast).
lunes, 6 de mayo de 2013
EL ARTE EN LA GRECIA CLÁSICA
Después de visionar el siguiente documental contesta a las siguientes preguntas:
- ¿Cuáles son los rasgos característicos del arte de la Antigua Grecia?
- ¿Cuáles son las principales obras de arte de la Grecia Clásica?
- Haz un cuadro en el que resumas el arte griego (habla de las características, la evolución, autores...)
- ¿Cuáles son los rasgos característicos del arte de la Antigua Grecia?
- ¿Cuáles son las principales obras de arte de la Grecia Clásica?
- Haz un cuadro en el que resumas el arte griego (habla de las características, la evolución, autores...)
jueves, 21 de febrero de 2013
LA ESCRITURA CUNEIFORME
Entra en el siguiente enlace y lee la información que aparece en él.
http://www.diomedes.com/hm_3.htm
Después, contesta a las siguientes preguntas:
- Haz un resumen de lo que has leído
- ¿En qué consiste la escritura cuneiforme?
- ¿Quién la descubrió y cómo?
http://www.diomedes.com/hm_3.htm
Después, contesta a las siguientes preguntas:
- Haz un resumen de lo que has leído
- ¿En qué consiste la escritura cuneiforme?
- ¿Quién la descubrió y cómo?
martes, 15 de enero de 2013
ÉRASE UNA VEZ EL HOMBRE
Aquí dejo algunos capítulos a ver como introducción al tema de la Prehistoria (algunos están vistos en clase):
jueves, 20 de diciembre de 2012
DOCUMENTAL SOBRE CHERNOBYL
(Tema 5, Los medios naturales)
Trabajo a realizar para el día 10 de enero de 2013 sobre el documental visto en clase sobre el accidente de Chernobyl:
Responde, por escrito en tu cuaderno, a las siguientes preguntas:
- ¿Qué ocurrió en Chernobyl en abril de 1986? Resume brevemente lo ocurrido, las causas y el alcance que tuvo la tragedia.
- ¿Qué inconvenientes y peligros tiene la energía nuclear?
- ¿Qué alternativas existen a la energía nuclear que sean más positivas para nuestro medio ambiente?
-¿Qué grandes catástrofes nucleares (provocadas o no) ha habido en el mundo?
- Haz una reflexión (comentario crítico) sobre el peligro que supone la energía nuclear para nuestro mundo (tanto humanamente como para nuestros medios naturales).
lunes, 3 de diciembre de 2012
viernes, 26 de octubre de 2012
lunes, 15 de octubre de 2012
Ciencias Sociales 1º ESO Trabajo complementario Tema 2
Nuestra Señora de las Mercedes
Nombre y curso:
TRABAJO: Lee el siguiente fragmento de la obra Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne y responde a las preguntas que al final se hacen.
Jules Verne era un visionario, quizá un alquimista de la realidad que le rodeaba. Los descubrimientos geográficos y científicos, tan en boga en su siglo, fueron quizá motivo suficiente para lanzar a Verne a la búsqueda de lo desconocido.
Viaje al centro de la tierra, del cual os ofrecemos un capitulo, es un viaje exterior e interior hacia las entrañas de la tierra. Pero no solo es eso, es también un viaje al conocimiento científico de su época, presentándose como un tratado de mineralogía, geología, biología, física, química, antropología y sociología... todo yendo hacía el subsuelo enterrado, hacia lo desconocido y prohibido.
Transcripción - Fragmento de un clásico literario.
Viaje al centro de la tierra - por Jules Verne
Capítulo XL
Desde el principio del viaje había experimentado muchas sorpresas y debía ya estar curado de susto, como se dice vulgarmente, y creerme al abrigo de todas las maravillas. Sin embargo, a la vista de aquellas dos letras que se habían grabado allí 300 años atrás, quedé como embobado, como tonto. No sólo se leía en la roca la firma del sabio alquimista, sino que tenía en mis manos el estilete que la había trazado. Hubiera sido en mí una insigne mala fe poner en duda la existencia del viajero y la realidad del viaje.
¡Mientras bullían en mi cabeza estas reflexiones, el profesor Lidenbrock se dejaba arrastrar por un entusiasmo algo ditirámbico respecto de Arne Saknussemm.
-¡Oh maravilloso genio! -exclamaba-, Tú no has olvidado nada de lo que debía abrir a otros mortales las vías de la corteza terrestre, y tus semejantes pueden hallar las huellas que tres siglos atrás trazaron tus pies en el fondo de estos subterráneos oscuros ¡Quisiste que otras miradas, a más de las tuyas, contemplasen estas maravillas! Tu nombre, grabado de trecho en trecho, conduce directamente a su objeto al viajero que es bastante denodado para seguirte, y en el centro mismo de nuestro planeta lo encontraremos escrito por tu propia mano. ¡Yo también, yo pondré mi firma en esta última página de granito! ¡Pero que desde ahora este cabo, visto por ti desde el mar que tú descubriste, se llame hasta la consumación de los siglos cabo Saknussemm!
He aquí las palabras que pude recoger, las cuales me comunicaron el entusiasmo que las había dictado. Un fuego interior renació en el fondo de mi pecho. Todo lo olvidé, los peligros de la ida, y los peligros de la vuelta. ¡Quería hacer lo que otro había hecho, y nada humano me parecía imposible!
-¡Adelante! ¡Adelante! -exclamé.
Me lanzaba ya hacia la oscura galería, cuando el profesor me detuvo, y siendo él el hombre del frenesí y de los arrebatos, me aconsejó entonces paciencia y sangre fría.
-Volvamos primero a buscar a Hans -dijo-, y acerquemos la almadía a este sitio.
No de muy buena voluntad, me sometí a la de mi tío, y me deslicé rápidamente por entre las rocas de la playa.
-¿Sabéis, tío -dije, mientras íbamos andando-, que hasta ahora las circunstancias nos han favorecido singularmente?
-¡Ah! ¿Lo crees así, Axel?
-Sin duda, y hasta la tempestad ha servido para volvernos al camino recto. ¡Bendita sea la tempestad! Ella nos ha traído a esta costa, de que el buen tiempo nos había alejado. Suponed por un instante que hubiésemos tocado con nuestra proa (¡la proa de una almadía!) las costas meridionales del mar de Lidenbrock ¿qué hubiera sido de nosotros? El nombre de Saknussemm no se nos hubiera aparecido, y ahora nos encontraríamos abandonados en una playa sin salida.
-Sí, Axel hay algo de la Providencia en que, navegando hacia el sur, hayamos llegado al norte, y precisamente al cabo Saknussemm. El hecho es más que admirable, y hay algo que yo no me explico.
-¡Eh! ¡Qué importa! Lo que debemos procurar es no explicar los hechos, sino aprovecharnos de ellos.
-Sin duda, muchacho, pero…
-Pero, vamos a tomar de nuevo el camino del norte, a pasar bajo las comarcas septentrionales de Europa, Suecia, Rusia, Siberia... ¿qué sé yo? en lugar de hundirnos bajo los desiertos de África o las olas del Océano, y no quiero saber más.
-Sí, Axel, tienes razón, y todo pinta perfectamente, pues abandonamos este mar horizontal que a nada puede conducirnos. ¡Vamos a bajar, a bajar, siempre a bajar! ¿Sabes que para llegar al centro del globo no tenemos que andar ya más que mil quinientas leguas?
-¡Bah! -exclamé- ¡Mil quinientas leguas! ¡No merecen si quiera que hablemos de ellas! ¡En marcha, en marcha!
Este diálogo insensato duraba aún, cuando llegamos al lado del cazador. Todos los aprestos estaban hechos para partir inmediatamente. No había ni un salo fardo que no estuviese embarcado. Nos colocamos en la almadía, izóse la vela, y Hans hizo rumbo hacia el cabo Saknussemm.
El tiempo no favorecía a un género de embarcación que no ceñía ni picaba bien el viento, ni podía acercarse demasiado a la tierra. Sus viradas eran díficiles, y por consiguiente navegaba mal de vuelta y vuelta. Era casi imposible que bolinease. Con frecuencia, las rocas poco profundas obligaban a rodeos bastante largos para no exponerse a tocar o varar. Por fin, después de tres horas de navegación, es decir, a las seis de la tarde, se alcanzó un punto a propósito para desembarcar.
Salté a tierra, seguido de mi tío y el islandés. La travesía no había enfriado mi entusiasmo. Todo lo contrario. Hasta propuse para cortarnos la retirada, pero mi tío se opuso a ello. Le encontré singularmente tibio.
-Al menos -dije yo- partamos sin perder un instante.
-Sí, muchacho; pero antes, examinemos esta nueva galería, para saber si hemos de preparar nuestras anclas.
Mi tío puso en acción su aparato de Ruhmkorff; dejamos la almadía amarrada a la orilla y nos dirigimos, marchando yo a la cabeza, a la abertura de la galería no distaba de allí más que unos veinte pasos.
El orificio, casi circular, presentaba un diámetro de unos cinco pies; el oscuro túnel estaba abierto en la roca viva y como enlucido por las materias eruptivas a que dio salida en otro tiempo, y su piso o parte inferior estaba al nivel del suelo, de suerte que se podía penetrar sin la menor dificultad.
Seguíamos un plano casi horizontal cuando, a lo seis pasos, interrumpió nuestra marcha la interposición de una roca enorme.
-¡Maldita roca! -exclamé con cólera, viéndome de pronto detenido por un obstáculo insuperable.
En vano buscamos a la derecha e izquierda, arriba y abajo, algún paso, alguna bifurcación. Experimenté un desazón vivísima, sin resignarme a admitir la realidad del obstáculo. Me agaché, miré por debajo de la roca. Ningún intersticio. Miré por encima. La misma barrera de granito. Hans dirigió a todos los puntos de la pared la luz de lámpara, pero no se vio ninguna solución de continuidad. Fuerza era renunciar a toda esperanza de pasar.
Me senté en el suelo, mi tío paseaba por el corredor a largos pasos.
-¿Pero entonces Saknussemm...? -pregunté yo.
-¿Quedaría detenido -dijo mi tío- por esta puerta de piedra?
-¡No, no! -respondí con vehemencia-. Ese pedrusco, a consecuencia de una sacudida cualquiera, o por uno de esos fenómenos magnéticos que se producen en la corteza terrestre, ha cerrado súbitamente este paso. Muchos años han mediado entre el regreso de Saknussemm y la caída de este peñasco. ¿No es evidente que esta galería fue en otro tiempo el camino de las lavas, y que entonces las materias eruptivas circulaban por era libremente? Mirad, hay grietas recientes que surcan esta mole de granito, formando con pedazos reunidos, con piedras enormes, como si la mano de algún gigante hubiese trabajado en su construcción, pero un día la corriente fue más fuerte, y este pedrusco, a la manera de una clave de bóveda que falla, se deslizó hasta el suelo y dejó obstruido el paso. ¡Este obstáculo es, pues accidental, y Saknussemm no lo encontró, y nosotros si no lo derribamos, somos indignos de llegar al centro del mundo!
Así hablaba yo, como si el pensamiento del profesor hubiera sido transmitido. Me inspiraba el genio de los descubrimientos. Olvidaba el pasado y desdeñaba el porvenir. Ya nada existía para mí en la superficie de este esferoide en cuyo seno me había abismado, ni las ciudades, ni los campos, ni Hamburgo, Königstrasse, ni mi pobre Graüben, que, debía considerarme perdido en las entrañas de la tierra.
-¡Pues bien! -replicó mi tío-. ¡Con el azadón y la piqueta abrámonos camino! ¡Derribemos estos muros!
-Son demasiado duros para el azadón -exclamé.
-¿Pues entonces el pico?
-Para el pico la operación es demasiado larga.
-¡Pero...!
-¡La pólvora! ¡La mina! ¡Hagamos saltar el obstáculo!
-¡La pólvora!
-¡Si no se trata más que de romper un pedazo de roca!
-¡Manos a la obra Hans! -exclamó mi tío.
El islandés se fue á la almadía, y volvió luego con un pico porque se trataba nada menos que de abrir un agujero bastante considerable para que pudiera contener cincuenta libras de algodón fulminante cuyo poder expansivo es cuatro veces superior al de la pólvora común.
Yo me hallaba en un estado de sobreexcitación indecible. Mientras Hans trabajaba, yo ayudaba activamente a mi tío en preparar una larga mecha, formada con pólvora mojada y encerrada en una funda de tela.
-¡Pasaremos! -decía yo.
-¡Pasaremos! -repetía mi tío.
A media noche estaba abierto el barreno y cargado con el algodón fulminante. La mecha, atravesando la galería, terminaba exteriormente. Ya no faltaba más que una chispa para que produjese sus estragos aquel aparato formidable.
-¡Hasta mañana! -dijo el profesor.
Tuve que resignarme, y pasar todavía esperando seis horas que me se me hicieron eternas.
- - -
Voyage au centre de la terre - Viaje al centro de la tierra
Jules Verne (1828-1905), escritor francés.
ACTIVIDADES:
- ¿Busca en la web un breve resumen de la obra y explica qué repercursión tuvo?
- Haz un resumen del fragmento que aquí se presenta, en el que aparezca qué es lo que se cuenta, quiénes son los protagonistas y qué pretenden.
- Subraya aquellas palabras de las que desconozcas el significado, búscalas en el diccionario y escríbelas.
- Responde a las siguientes preguntas:
* ¿Sería posible realizar un viaje al centro de la Tierra? ¿Por qué?
* ¿Hasta qué profundidad se ha llegado?
* ¿Qué hay más allá de la corteza terrestre?
Nuestra Señora de las Mercedes
Nombre y curso:
TRABAJO: Lee el siguiente fragmento de la obra Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne y responde a las preguntas que al final se hacen.
Jules Verne era un visionario, quizá un alquimista de la realidad que le rodeaba. Los descubrimientos geográficos y científicos, tan en boga en su siglo, fueron quizá motivo suficiente para lanzar a Verne a la búsqueda de lo desconocido.
Viaje al centro de la tierra, del cual os ofrecemos un capitulo, es un viaje exterior e interior hacia las entrañas de la tierra. Pero no solo es eso, es también un viaje al conocimiento científico de su época, presentándose como un tratado de mineralogía, geología, biología, física, química, antropología y sociología... todo yendo hacía el subsuelo enterrado, hacia lo desconocido y prohibido.
Transcripción - Fragmento de un clásico literario.
Viaje al centro de la tierra - por Jules Verne
Capítulo XL
Desde el principio del viaje había experimentado muchas sorpresas y debía ya estar curado de susto, como se dice vulgarmente, y creerme al abrigo de todas las maravillas. Sin embargo, a la vista de aquellas dos letras que se habían grabado allí 300 años atrás, quedé como embobado, como tonto. No sólo se leía en la roca la firma del sabio alquimista, sino que tenía en mis manos el estilete que la había trazado. Hubiera sido en mí una insigne mala fe poner en duda la existencia del viajero y la realidad del viaje.
¡Mientras bullían en mi cabeza estas reflexiones, el profesor Lidenbrock se dejaba arrastrar por un entusiasmo algo ditirámbico respecto de Arne Saknussemm.
-¡Oh maravilloso genio! -exclamaba-, Tú no has olvidado nada de lo que debía abrir a otros mortales las vías de la corteza terrestre, y tus semejantes pueden hallar las huellas que tres siglos atrás trazaron tus pies en el fondo de estos subterráneos oscuros ¡Quisiste que otras miradas, a más de las tuyas, contemplasen estas maravillas! Tu nombre, grabado de trecho en trecho, conduce directamente a su objeto al viajero que es bastante denodado para seguirte, y en el centro mismo de nuestro planeta lo encontraremos escrito por tu propia mano. ¡Yo también, yo pondré mi firma en esta última página de granito! ¡Pero que desde ahora este cabo, visto por ti desde el mar que tú descubriste, se llame hasta la consumación de los siglos cabo Saknussemm!
He aquí las palabras que pude recoger, las cuales me comunicaron el entusiasmo que las había dictado. Un fuego interior renació en el fondo de mi pecho. Todo lo olvidé, los peligros de la ida, y los peligros de la vuelta. ¡Quería hacer lo que otro había hecho, y nada humano me parecía imposible!
-¡Adelante! ¡Adelante! -exclamé.
Me lanzaba ya hacia la oscura galería, cuando el profesor me detuvo, y siendo él el hombre del frenesí y de los arrebatos, me aconsejó entonces paciencia y sangre fría.
-Volvamos primero a buscar a Hans -dijo-, y acerquemos la almadía a este sitio.
No de muy buena voluntad, me sometí a la de mi tío, y me deslicé rápidamente por entre las rocas de la playa.
-¿Sabéis, tío -dije, mientras íbamos andando-, que hasta ahora las circunstancias nos han favorecido singularmente?
-¡Ah! ¿Lo crees así, Axel?
-Sin duda, y hasta la tempestad ha servido para volvernos al camino recto. ¡Bendita sea la tempestad! Ella nos ha traído a esta costa, de que el buen tiempo nos había alejado. Suponed por un instante que hubiésemos tocado con nuestra proa (¡la proa de una almadía!) las costas meridionales del mar de Lidenbrock ¿qué hubiera sido de nosotros? El nombre de Saknussemm no se nos hubiera aparecido, y ahora nos encontraríamos abandonados en una playa sin salida.
-Sí, Axel hay algo de la Providencia en que, navegando hacia el sur, hayamos llegado al norte, y precisamente al cabo Saknussemm. El hecho es más que admirable, y hay algo que yo no me explico.
-¡Eh! ¡Qué importa! Lo que debemos procurar es no explicar los hechos, sino aprovecharnos de ellos.
-Sin duda, muchacho, pero…
-Pero, vamos a tomar de nuevo el camino del norte, a pasar bajo las comarcas septentrionales de Europa, Suecia, Rusia, Siberia... ¿qué sé yo? en lugar de hundirnos bajo los desiertos de África o las olas del Océano, y no quiero saber más.
-Sí, Axel, tienes razón, y todo pinta perfectamente, pues abandonamos este mar horizontal que a nada puede conducirnos. ¡Vamos a bajar, a bajar, siempre a bajar! ¿Sabes que para llegar al centro del globo no tenemos que andar ya más que mil quinientas leguas?
-¡Bah! -exclamé- ¡Mil quinientas leguas! ¡No merecen si quiera que hablemos de ellas! ¡En marcha, en marcha!
Este diálogo insensato duraba aún, cuando llegamos al lado del cazador. Todos los aprestos estaban hechos para partir inmediatamente. No había ni un salo fardo que no estuviese embarcado. Nos colocamos en la almadía, izóse la vela, y Hans hizo rumbo hacia el cabo Saknussemm.
El tiempo no favorecía a un género de embarcación que no ceñía ni picaba bien el viento, ni podía acercarse demasiado a la tierra. Sus viradas eran díficiles, y por consiguiente navegaba mal de vuelta y vuelta. Era casi imposible que bolinease. Con frecuencia, las rocas poco profundas obligaban a rodeos bastante largos para no exponerse a tocar o varar. Por fin, después de tres horas de navegación, es decir, a las seis de la tarde, se alcanzó un punto a propósito para desembarcar.
Salté a tierra, seguido de mi tío y el islandés. La travesía no había enfriado mi entusiasmo. Todo lo contrario. Hasta propuse para cortarnos la retirada, pero mi tío se opuso a ello. Le encontré singularmente tibio.
-Al menos -dije yo- partamos sin perder un instante.
-Sí, muchacho; pero antes, examinemos esta nueva galería, para saber si hemos de preparar nuestras anclas.
Mi tío puso en acción su aparato de Ruhmkorff; dejamos la almadía amarrada a la orilla y nos dirigimos, marchando yo a la cabeza, a la abertura de la galería no distaba de allí más que unos veinte pasos.
El orificio, casi circular, presentaba un diámetro de unos cinco pies; el oscuro túnel estaba abierto en la roca viva y como enlucido por las materias eruptivas a que dio salida en otro tiempo, y su piso o parte inferior estaba al nivel del suelo, de suerte que se podía penetrar sin la menor dificultad.
Seguíamos un plano casi horizontal cuando, a lo seis pasos, interrumpió nuestra marcha la interposición de una roca enorme.
-¡Maldita roca! -exclamé con cólera, viéndome de pronto detenido por un obstáculo insuperable.
En vano buscamos a la derecha e izquierda, arriba y abajo, algún paso, alguna bifurcación. Experimenté un desazón vivísima, sin resignarme a admitir la realidad del obstáculo. Me agaché, miré por debajo de la roca. Ningún intersticio. Miré por encima. La misma barrera de granito. Hans dirigió a todos los puntos de la pared la luz de lámpara, pero no se vio ninguna solución de continuidad. Fuerza era renunciar a toda esperanza de pasar.
Me senté en el suelo, mi tío paseaba por el corredor a largos pasos.
-¿Pero entonces Saknussemm...? -pregunté yo.
-¿Quedaría detenido -dijo mi tío- por esta puerta de piedra?
-¡No, no! -respondí con vehemencia-. Ese pedrusco, a consecuencia de una sacudida cualquiera, o por uno de esos fenómenos magnéticos que se producen en la corteza terrestre, ha cerrado súbitamente este paso. Muchos años han mediado entre el regreso de Saknussemm y la caída de este peñasco. ¿No es evidente que esta galería fue en otro tiempo el camino de las lavas, y que entonces las materias eruptivas circulaban por era libremente? Mirad, hay grietas recientes que surcan esta mole de granito, formando con pedazos reunidos, con piedras enormes, como si la mano de algún gigante hubiese trabajado en su construcción, pero un día la corriente fue más fuerte, y este pedrusco, a la manera de una clave de bóveda que falla, se deslizó hasta el suelo y dejó obstruido el paso. ¡Este obstáculo es, pues accidental, y Saknussemm no lo encontró, y nosotros si no lo derribamos, somos indignos de llegar al centro del mundo!
Así hablaba yo, como si el pensamiento del profesor hubiera sido transmitido. Me inspiraba el genio de los descubrimientos. Olvidaba el pasado y desdeñaba el porvenir. Ya nada existía para mí en la superficie de este esferoide en cuyo seno me había abismado, ni las ciudades, ni los campos, ni Hamburgo, Königstrasse, ni mi pobre Graüben, que, debía considerarme perdido en las entrañas de la tierra.
-¡Pues bien! -replicó mi tío-. ¡Con el azadón y la piqueta abrámonos camino! ¡Derribemos estos muros!
-Son demasiado duros para el azadón -exclamé.
-¿Pues entonces el pico?
-Para el pico la operación es demasiado larga.
-¡Pero...!
-¡La pólvora! ¡La mina! ¡Hagamos saltar el obstáculo!
-¡La pólvora!
-¡Si no se trata más que de romper un pedazo de roca!
-¡Manos a la obra Hans! -exclamó mi tío.
El islandés se fue á la almadía, y volvió luego con un pico porque se trataba nada menos que de abrir un agujero bastante considerable para que pudiera contener cincuenta libras de algodón fulminante cuyo poder expansivo es cuatro veces superior al de la pólvora común.
Yo me hallaba en un estado de sobreexcitación indecible. Mientras Hans trabajaba, yo ayudaba activamente a mi tío en preparar una larga mecha, formada con pólvora mojada y encerrada en una funda de tela.
-¡Pasaremos! -decía yo.
-¡Pasaremos! -repetía mi tío.
A media noche estaba abierto el barreno y cargado con el algodón fulminante. La mecha, atravesando la galería, terminaba exteriormente. Ya no faltaba más que una chispa para que produjese sus estragos aquel aparato formidable.
-¡Hasta mañana! -dijo el profesor.
Tuve que resignarme, y pasar todavía esperando seis horas que me se me hicieron eternas.
- - -
Voyage au centre de la terre - Viaje al centro de la tierra
Jules Verne (1828-1905), escritor francés.
ACTIVIDADES:
- ¿Busca en la web un breve resumen de la obra y explica qué repercursión tuvo?
- Haz un resumen del fragmento que aquí se presenta, en el que aparezca qué es lo que se cuenta, quiénes son los protagonistas y qué pretenden.
- Subraya aquellas palabras de las que desconozcas el significado, búscalas en el diccionario y escríbelas.
- Responde a las siguientes preguntas:
* ¿Sería posible realizar un viaje al centro de la Tierra? ¿Por qué?
* ¿Hasta qué profundidad se ha llegado?
* ¿Qué hay más allá de la corteza terrestre?
miércoles, 3 de octubre de 2012
miércoles, 19 de septiembre de 2012
Sal de la caverna y disfrútalo
Conocer el mundo, observarlo, "criticarlo", estudiarlo, sorprenderse con él, crecer... nos van a ayudar a salir de nuestra caverna. Eso es, en parte, lo que Platón trata de explicarnos y eso es con lo que vamos a dar arranque a nuestra asignatura, con esta invitación a disfrutar del privilegio de la educación, a aprovechar el privilegio de ser libres para ver y conocer el mundo y, sobre todo, para acercárselo a quienes sólo ven sombras y no saben qué hay en realidad.
Atrévete, este año, a investigar, a hacerte preguntas, a hacérselas a otras personas y deja que esta asignatura que vamos a compartir y construir entre todos, te haga crecer y conocer el mundo, la sociedad. No te conviertas en un loro que repite cosas sin saber qué son, por qué ocurren, de dónde vienen... Sal de la caverna y disfruta de la libertad que da el saber.
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